No beba si hace dieta !
Añada el alcohol a la lista de los potenciales enemigos de la pérdida de peso
Sabemos que es malo beber y conducir, pero cabe preguntarnos si será malo beber y hacer dieta.
Todo depende de nuestro sentido de la moderación pues un trago de vez en cuando probablemente no nos dejará una panza como la de las vacaciones, pero beber demasiadas cervezas puede agregarnos kilos a los abdominales.
Antes de beber, aunque sea moderadamente, consideremos lo siguiente: durante este período de indulgencia ya habremos comido más de lo normal y añadir unas cervezas o tragos a ello eleva un conteo calórico ya alto, algunas veces de forma significativa.
Las buenas nuevas son que el mismo consejo que nos mantiene seguros en la carretera puede mantenernos a salvo al subirnos en la balanza.
Los lineamientos dietéticos federales de los Estados Unidos limitan el alcohol a una copa al día para las mujeres y dos para los hombres; sin embargo, es fácil pasarse de la cuenta.
Calorías son calorías
Una cerveza de 12 onzas (una botella estándar) tiene cerca de 150 calorías. Las ligeras y los shots de 1 onza y media cuentan cerca de 100 y una copa de vino de 3 onzas unas 75. Un vino fresco de 12 onzas tiene 180 calorías y 1 onza y media de la mayoría de los licores cuentan unas 160 o más.
Sin embargo, beber sólo un trago a dos puede resultar difícil. El vino generalmente se sirve en copas de 6 onzas o más y si preferimos la cerveza en su botella debemos tener en cuenta que una puede tener hasta 16 onzas.
Para complicar el asunto tenemos la tendencia de las personas a tratar las calorías de la bebida de manera diferente de aquellas de los alimentos, pensando que, de alguna manera, una copa de cabernet sauvignon no cuenta tanto como la pasta carbonara.
Kelly Brownell, investigadora de obesidad de la universidad de Yale, dice que las calorías son calorías y cuando consumimos muchas el cuerpo las convierte en grasa, sin importar la fuente de la cual vengan.
Los estudios también sugieren que las personas que consumen demasiadas calorías provenientes de bebidas son menos propensas a compensarlo disminuyendo otros alimentos de su dieta a diferencia de aquellas personas que se pasan con la comida.
Elisabetta Politi, gerente de nutrición del centro de dietas y nutrición de la Universidad de Duke, dice que los tragos también sabotean las dietas por medio del factor “pasapalos”, pues el alcohol disminuye las inhibiciones, lo cual hace que la bandeja de quesos o el plato de maní sean más atractivos.
Para asegurarnos que la panza de la barra se quede sólo en una cifra de palabras podemos apegarnos a algunos lineamientos.
Politi dice que mientras más sencillo el trago mejor. Los vinos, cervezas y bebidas espirituosas son lo excelentes pues los cócteles, como el margarita o el punch, pueden llegar a tener hasta 500 calorías por vaso o cerca de un tercio del total de calorías que una mujer debería consumir al día.
Si estamos vigilando los carbohidratos, la fermentación y la destilación hacen que las bebidas pesadas, como el vodka, ron, gin y whisky, sean una buena opción. Estas bebidas tienen poco o nada de azúcar, lo cual significa que no tienen carbohidratos.
No beba con el estómago vacío
Si el vino es más de nuestro estilo, no debemos preocuparnos mucho por los carbohidratos pues los blancos tienen cerca de 1 gramo por copa y los tintos 2. Los vinos dulces para postre cuentan cerca de 12 gramos.
Para las cervezas, las variedades ligeras tienen cerca de 5 gramos, mientras que aquellas bajas en carbohidratos cuentan tan poco como 3, y las regulares 13.
Sea lo que sea que bebamos, no debemos hacerlo con el estómago vacío ya que el alcohol se absorberá más rápidamente al no tener comida en el sistema. Mientras que un shot veloz puede ser divertido, también disminuye las inhibiciones, haciendo que seamos más propensos a tomar o comer en exceso.
Una vez que empezamos a beber, debemos alternar entre agua -o tomar una soda o jugo- y alcohol. Esto no sólo elimina calorías para la noche sino que también ayuda a evitar problemas al mantenernos hidratados. También debemos considerar las versiones ligeras de nuestros favoritos. Los tragos de temporada bajos en grasa son un sustituto que puede rebajar cientos de calorías. Cambiar a la versión de dieta en nuestro ron con cola puede disminuirlas a la mitad.
Reducir las bebidas alcohólicas con agua o hielo también ayuda. Los vinos baratos se vuelven un cóctel al mezclarlos con soda.
Y si estamos en un restaurante debemos resistir la tentación de pedir una botella de vino. A pesar de ser menos costoso que por copa, probablemente beberemos menos y no tendremos la presión de terminar la botella.
Finalmente, deberíamos enfocarnos en el placer, comenta Brownell. Escojamos un trago que nos guste, sólo uno, y disfrutémoslo.
Agrega que “hagamos que las calorías cuenten; bien sea que comamos o bebamos alcohol, debemos asegurarnos que las calorías son realmente deleitables. Si bebemos rápido, el placer del alcohol se diminuirá porque no estaremos saboreando nuestra bebida.”